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Tres fichas de reseña, una con menos estrellas de la que sale una respuesta, y una estrella dorada grande al lado
SEO20 de agosto de 202610 min de lectura

Cómo pedir reseñas sin resultar pesado, y qué hacer con una mala

Para un negocio local, las reseñas deciden más que la web. Cuándo pedirlas, cómo se pide en una frase, lo que no se puede hacer aunque lo haga todo el mundo, y cómo se contesta una mala sin empeorarla.

Fran

Fran

Consultor digital · FSolutionsPG

Para un negocio local, las reseñas pesan más que la web

Cuando alguien busca algo cerca, lo primero que ve no es una web: es una lista de fichas con su nota y su número de reseñas. Ahí se decide casi todo, y se decide en tres segundos.

Y hacen dos trabajos a la vez, que conviene separar porque no se arreglan igual. Uno, ayudan a salir: entre dos negocios parecidos, el que tiene actividad reciente y valoraciones tiene ventaja. Dos, y más importante, deciden a quién llaman de los que ya salen. Puedes estar el primero y perder contra el tercero.

Por eso es de las pocas cosas donde el esfuerzo se nota en semanas y no en meses. Y por eso es lo primero que recomiendo antes de tocar nada de la web cuando el negocio es local — el resto de la conversación está en aparecer en Google.

El error no es pedirlas: es cuándo se piden

Casi todo el mundo pide reseñas mal, y no por el texto. Por el momento.

Se piden días después, por un mensaje suelto, a alguien que ya está a otra cosa. Ahí pedir una reseña es pedir un favor: hay que acordarse, buscar el sitio, escribir algo. Y por muy contento que quedara, la mayoría no lo hace.

La reseña se pide cuando la persona acaba de decir que ha quedado contenta. Ese momento existe siempre y dura poco: al terminar el trabajo, al entregar, al cobrar. Es cuando la satisfacción está fresca y todavía estáis los dos delante.

Y hay un detalle que cambia mucho más de lo que parece: pedirla de viva voz vale mucho más que mandarla por escrito. Un mensaje se ignora sin coste. A una persona que tienes delante y que acaba de darte las gracias, casi nadie le dice que no.

Cómo se pide, en una frase

No hace falta un guion, hace falta que sea corto y honesto. Algo así:

«Si has quedado a gusto, ¿te importaría dejarnos una reseña en Google? Nos ayuda muchísimo a que nos encuentre gente de aquí.»

Funciona porque dice tres cosas: es condicional —«si has quedado a gusto»—, es concreto —Google, no «internet»— y explica para qué sirve. La gente ayuda cuando entiende en qué ayuda.

Lo que sí hay que quitar es la fricción. Entre «déjanos una reseña» y la reseña escrita hay cuatro o cinco pasos, y en cada uno se cae gente. Se arregla con dos cosas: el enlace directo al formulario de reseña —Google lo da hecho desde tu propia ficha— y un código QR en el mostrador, en la factura o en el albarán. Que el cliente solo tenga que apuntar con el móvil y escribir.

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Lo que no se puede hacer, aunque lo haga todo el mundo

Aquí conviene ser claro, porque hay prácticas muy extendidas que están prohibidas por Google y que además se notan:

  • Pagar por reseñas, o darlas a cambio de un descuento o un regalo. Es motivo de sanción para la ficha, y las plataformas detectan bastante bien los picos que no cuadran.
  • Preguntar primero si están contentos y pedir la reseña solo a los que dicen que sí. Parece de sentido común y es justo lo que Google prohíbe: se llama filtrar y va contra sus normas. Se pide a todos o no se pide.
  • Escribirlas uno mismo, o pedírselas a la familia y a los amigos. Se nota. Cinco reseñas de cinco estrellas sin texto y el mismo día no convencen a nadie, y a la ficha le hacen más mal que bien.
  • Pedir que quiten una mala a cambio de algo. Además de estar prohibido, si sale mal acabas con dos problemas en vez de uno.

La mala va a llegar, y no es la catástrofe que parece

Antes de nada, quítate un peso: una ficha con solo cincos da desconfianza. La gente sabe que no hay negocio perfecto, y un cuatro y pico con alguna reseña regular se lee como real.

Ahora lo importante, y es lo que casi nadie tiene en la cabeza al contestar: la respuesta no es para quien se quejó. Esa persona ya ha decidido lo que piensa. La respuesta es para los diez que van a leerla el mes que viene mientras deciden si te llaman.

Con eso claro, contestar es fácil: reconocer lo que se pueda reconocer, dar contexto en dos líneas sin excusas largas, y ofrecer arreglarlo fuera de ahí —un teléfono, un correo—. Nada más.

Y tres cosas que no se hacen nunca: discutir, contar datos del cliente —qué compró, qué pasó, qué dijo— y contestar en caliente. Ninguna de las tres se puede deshacer y las tres las lee todo el mundo.

Y si la reseña es falsa o injusta

Pasa: competencia, confusión con otro negocio, alguien que nunca fue cliente.

Se puede pedir que la retiren, pero conviene ir con la expectativa correcta: solo se quitan las que incumplen sus normas —insultos, datos personales, publicidad, algo que claramente no va de tu negocio—. «Es injusta» o «exagera» no es motivo, y ahí no hay nada que hacer.

Así que pídelo si encaja, pero no eches la tarde en eso. Una respuesta serena y una racha de reseñas nuevas la entierran mucho antes de lo que tarda cualquier reclamación en resolverse. La nota se mueve con volumen, no con bajas.

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Cuántas hacen falta y a qué ritmo

Más que el número importa el ritmo. Un goteo constante vale más que un montón de golpe: veinte a lo largo del año dicen «este negocio está vivo»; veinte en la misma semana dicen otra cosa, y encima llaman la atención de quien revisa fichas.

El objetivo razonable es que pedirla forme parte de terminar un trabajo, igual que cobrar. En cuanto es rutina el número sube solo y deja de haber campañas.

Dos cosas que ayudan a que no se abandone al mes: que lo pida quien atiende, no el dueño desde el despacho, y contestarlas todas, también las buenas. Dos palabras bastan, y de paso la ficha se ve atendida.

Si quieres, échame un vistazo a tu ficha y te digo por dónde empezaría en tu caso: normalmente hay dos o tres cosas que se arreglan el mismo día.

Y lo que las reseñas no arreglan

Por honestidad, igual que con todo lo demás: las reseñas mejoran mucho quién te elige entre los que ya te ven. No hacen aparecer una ficha que no está.

Si al buscar tu servicio y tu pueblo no sales por ningún lado, el trabajo empieza antes —que la ficha exista, esté completa y diga a qué te dedicas—, y las reseñas vienen después a rematarlo. Empezar por ellas con la ficha a medias es empujar una puerta que todavía está cerrada.

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Linares, Jaén · Respondemos el mismo día