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Una llave dorada frente a cuatro fichas: dominio, alojamiento, código y medición
Diseño Web18 de agosto de 202610 min de lectura

Lo que te tiene que entregar quien te hace la web

El dominio, el alojamiento, el código y las cuentas de medición. Si no están a tu nombre, la web no es tuya del todo — y eso se descubre el día que quieres cambiar de proveedor. Qué pedir y cómo comprobarlo tú mismo.

Fran

Fran

Consultor digital · FSolutionsPG

La pregunta que casi nadie hace a tiempo

Cuando encargas una web, preguntas por el diseño, por el plazo y por el precio. Es lo normal. Lo que casi nadie pregunta es qué queda a tu nombre cuando esto termine.

Y no se nota. Una web puede funcionar perfectamente durante años estando entera a nombre de otro. El día que se nota es el día que quieres moverla: cambiar de proveedor, montar el correo, ampliarla, o simplemente que alguien la mire. Ahí aparecen las llaves que no tienes.

Esto no va de desconfiar de nadie. Va de que lo que has pagado esté a tu nombre, igual que la escritura del local. Y de que se pida al principio, cuando es una frase en un correo, y no al final, cuando es una discusión.

El dominio: aquí es donde duele de verdad

De todo lo que hay en juego, el dominio es lo único verdaderamente irreemplazable. El diseño se rehace, el alojamiento se cambia en una tarde. La dirección por la que te conocen, no.

Tiene que estar registrado a tu nombre —tu nombre o el de tu empresa como titular— y tú tienes que poder entrar donde se gestiona. Que lo administre otro está bien; que sea de otro, no.

El caso incómodo no es el proveedor con mala fe: es el que lo registró de buena fe con su cuenta para ahorrarte un trámite, y tres años después ya no da señales, o cerró, o no se acuerda de con qué correo lo puso. El dominio sigue renovándose solo hasta que un día deja de hacerlo.

Y hay una consecuencia que no es evidente: sin el dominio no hay correo propio. El día que quieras escribir desde una dirección con tu marca, hay que tocar los registros del dominio, y para eso hay que poder entrar.

Cómo lo compruebas tú, sin preguntarle a nadie

No hace falta ser técnico ni pedir permiso. Los datos de un dominio son públicos:

  • Busca «whois» y tu dominio en cualquier buscador y entra en uno de los consultores que salen. Muchos ocultan el nombre por protección de datos, pero el registrador siempre se ve, y con eso ya sabes en qué casa está.
  • Pide que te enseñen la pantalla del registrador con el dominio dentro de una cuenta a tu nombre. Una captura vale.
  • Comprueba que puedes entrar tú: usuario, contraseña y el correo de recuperación, que tiene que ser uno tuyo. Un acceso que solo funciona si otro te lo abre no es un acceso.
  • Mira la fecha de renovación y quién la paga. Un dominio caducado se puede perder de verdad, y recuperarlo cuando alguien lo ha cogido ya no depende de ti.

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El alojamiento, el código y lo que hay escrito

Después del dominio, tres cosas más. Ninguna es rara de pedir y las tres se entregan en un rato.

El alojamiento: dónde está la web y cómo se entra. Aunque no vayas a tocarlo nunca, el día que haga falta mover el sitio hay que llegar a los ficheros. Si el servidor es del proveedor y no admite que entre nadie más, no pasa nada — pero que quede claro desde el principio, porque cambiar de casa entonces significa rehacerla.

El código y el contenido: los ficheros de la web, las fotos en su tamaño original y los textos. Aquí conviene una precisión honesta: lo que se hace para ti es tuyo, pero muchas webs se montan sobre piezas que son de terceros —una plantilla comprada, un módulo con licencia—. Eso es normal y no es ninguna trampa. Lo que no es normal es enterarse después.

Y las tripas de cómo funciona: si hay un formulario, a qué correo llega; si hay una automatización, dónde vive. Es lo que más se olvida y lo que más caro sale de reconstruir. Nosotros lo dejamos por escrito al entregar; puedes ver cómo lo planteamos en webs que venden.

Las cuentas de Google son tuyas, y esto sí es delicado

Aquí hay un detalle que se cuela muchas veces sin mala intención y que después cuesta deshacer.

La analítica, Search Console y sobre todo la ficha de Google Business se crean con una cuenta de Google. Si esa cuenta es la de la agencia, el propietario es la agencia: tú entras porque te dejan.

Lo correcto es al revés: la cuenta propietaria es tuya —vale una de correo normal, hecha para esto— y a quien te lleve el trabajo se le da acceso como administrador. Así puedes quitarlo y ponerlo sin depender de nadie.

Con la ficha de Google importa más que con lo demás, porque ahí viven las reseñas. Las reseñas no se exportan ni se copian a otra ficha: son de la ficha. Perder el control de la ficha es perder años de reseñas, y eso no se rehace con un presupuesto. Si estás en ese lío, en aparecer en Google contamos cómo se recupera.

Y una cosa más que se olvida siempre: si el correo del negocio va con el dominio, esas cuentas también se entregan. Nadie debería tener acceso a tu correo cuando la relación termine.

El día que quieras cambiar, ya es tarde para pedirlo

Todo lo de arriba se entrega en una tarde mientras la relación va bien. Se pide por correo, se contesta con cuatro accesos y no hay tensión ninguna: es la parte administrativa de un trabajo, como una factura.

Pedido el día que anuncias que te vas, es otra conversación. No porque nadie se vuelva mala persona, sino porque ya nadie tiene prisa por ayudarte y porque una petición que hasta ese momento era rutina, ahora suena a reproche.

Por eso el mejor momento para pedirlo es ahora, tengas o no intención de cambiar de nada.

Y si estás encargando una web nueva, mejor todavía: que la lista esté en el presupuesto antes de firmar. Un proveedor serio no se molesta, entre otras cosas porque le ahorra a él la conversación del final.

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La lista, para copiarla en un correo

Esto se puede mandar tal cual. Son cinco líneas y no hace falta saber de qué van:

  • Dominio: registrado a mi nombre, con mi acceso al registrador y mi correo de recuperación.
  • Alojamiento: dónde está y cómo se entra —o, si no se puede, decírmelo por escrito—.
  • Ficheros de la web: código, fotos en su tamaño original y textos, y qué piezas son de terceros con licencia.
  • Cuentas de Google: analítica, Search Console y ficha de Google Business, con mi cuenta como propietaria.
  • Cómo funciona por dentro: a qué correo llegan los formularios y qué automatizaciones hay, si las hay.

Y si te dicen que no

Puede pasar, y no siempre significa lo mismo.

A veces es simplemente que no se puede: un servidor compartido donde no se pueden dar accesos sueltos, una plantilla que no es de nadie de los dos. Eso se dice y se entiende, y lo importante es que quede escrito para que no sorprenda dentro de dos años.

Otras veces la negativa es la respuesta a la pregunta. Quien no te deja ser dueño de tu propio dominio te está diciendo cómo va a ser el resto de la relación, y conviene escucharlo pronto.

En medio está el caso más común, que no es ni una cosa ni la otra: nadie lo pidió nunca, se hizo como se hacía y ahora hay que ordenarlo. Suele arreglarse en una llamada.

Si quieres, mándame lo que te han contestado y te digo qué es cada cosa. No hace falta que trabajemos juntos para eso.

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